lunes, 7 de mayo de 2012

SAN PÍO V (1)



No hay institución sobre toda la tierra que, como el Pontificado, presente a la admiración del mundo varones de tan subido talento y eximia santidad.
No hay dinastías tan gloriosas como la dinastía de los Papas.
Apartándonos ahora del carácter divino que imprime la dignidad papal a los hombres por ella favorecidos, y fijándonos sólo en esas cualidades inherentes a todo hombre de ciencia y de virtud, diremos que es raro hallar quien aventaje en tal sentido a la mayoría de los Sumos Pontífices. No parece sino que Dios ha querido que toda la excelsitud del talento y toda la hermosura de la bondad, resplandecieran en sus augustos representantes.
San Pío V pertenece a esa gloriosa raza de los Pontífices magnos; a esa falange inmortal, que desde San Pedro hasta nuestros días, se ha dilatado en excelsos continuadores de la obra de Dios.
¡San Pío V!... Asombra la labor de este hombre ilustre: fue como un águila que se remonta a la altura, para abarcar desde allí con el potente rayo de sus pupilas toda la tierra. Porque San Pío V, desde la elevación de su trono pontificio, abrazó con la mirada de su genio toda Europa, y Asia, y América… Fue un conductor de reinos, de naciones, de estados. Regeneró pueblos que, decrépitos, marchaban a su ocaso, y dirigió los pasos primeros de civilizaciones nacientes. La acción de este soberano Pontífice fue universal. Nada escapó a su celo, a su diligencia, a su amor de padre y a su rectitud de juez.
Bien es verdad que durante su tiempo florecieron varones como San Pedro de alcántara, San Felipe de Neri, San Félix de Cantalicio, San Francisco de Borja, San Juan de Dios, San Carlos Borromeo…; y mujeres como Santa Catalina de Ricci, Santa Teresa de Jesús y Santa Rosa de Lima, todos los cuales ayudaron no poco con sus talentos y sus virtudes la magna labor de este Pontífice. Pero sin ellos, San Pío V hubiera realizado igualmente toda su obra. Fue uno de esos hombres providenciales colocados por Dios, de tarde en tarde, para alivio y sostén de la humanidad.
Dice un historiador eclesiástico, que a los ojos del Papa, la Iglesia es un reino sin fronteras, en el cual no se conocen distinción de razas ni demarcación de territorios. Lo que sueña hoy día la ambición humana para la explotación del mundo, está hace ya muchos años realizado por la caridad católica; por esto, la vida de un Papa es la historia de su siglo. En el XVI había tres políticas muy distintas: la política protestante que se agitaba convulsivamente en el desorden intelectual y social; la razón de Estado de los soberanos de Europa, que argumentaba, discutía o se doblegaba según las exigencias accidentales del momento; la resistencia, en fin, de la Iglesia, que invocaba preceptos divinos, eternos, inmutables.
De todo se ocupó, y siempre con éxito, el genio poderoso de Pío V.

(1) Este santo es nombrado por algunos martirologios el día 5 de Mayo, y por otros, el 7 del mismo mes.

CONTINUARÁ

No hay comentarios:

Publicar un comentario